La prosa, el entrecruzamiento de la veracidad periodística y el trabajo historiográfico hace de esta una obra muy bien escrita y muy bien armada: Jorge F. Hernández
Los ganadores del Premio al Mérito Cultural Carlos Mosiváis: Juan Gelman, Yolanda Montes Tongolele, Olga Harmony, Gilberto Aceves Navarro, Carlos Payán, Luis de Tavira, Joy Laville, Héctor García y Pedro Friedeberg
Estos reconocimientos se otorgan en el marco de la XI Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México 2011, y serán entregados durante la inauguración de esta magna fiesta, el próximo viernes 14 de octubre, a las 10:30 horas, en el Foro General Federico García Lorca, con lo que “se da apertura a la onceava edición de la feria literaria, la más concurrida del país, que convoca año con año a más de un millón de personas, así como a relevantes autores mexicanos y extranjeros y reúne a 200 editoriales con más de 350 sellos”, aseguró la titular de Cultura.
Explicó que los escritores Ida Vitale, Mónica Lavín y Jorge F. Hernández fueron los integrantes del jurado que otorgó el premio en su versión 2011, el más importante que se entrega en el país por su monto —500 mil pesos—.
La novela de Almudena Grandes fue elegida de entre más de 40 libros concursantes. Participaron novelas de diferentes regiones de Iberoamérica como: Costa Rica, Venezuela, Panamá, España, Argentina, Puerto Rico, Honduras, además de Estados Unidos, así como de diferentes estados de la República Mexicana.
Jorge F. Hernández, en representación del jurado calificador dijo que “Inés y la alegría es una obra que cuando la empecé a leer tuve miedo de no poder avanzar, pero por fortuna de la buena prosa se lee como agua. Esta obra pertenece a una serie de seis novelas, es la primera de cinco que está por escribir Grandes. En primer lugar está la prosa, en segundo lugar el entrecruzamiento de la veracidad periodística, para tratar el pretérito. Es decir habla de un hecho histórico, y la labor que hizo es como de historiografía muy minuciosa, evitando lo que debemos evitar los historiadores, la mentira, pero entrelazándolo con lo que se supone que debemos depurar los novelistas: la mentira, es decir la ficción”.
Tanto los personajes de ficción, como la recolección de la memoria está perfectamente entretejido por esta mujer que ya es una escritora con trayectoria reconocida. Y sin duda con un amplio número de lectores que ahora se ampliará aún más. La cuestión de fondo es que está muy bien escrita, muy bien armada, y vale la pena leerla señaló Hernández.
El jurado decidió otorgar el premio a la obra Inés y la Alegría, según consta en el Acta, “ya que resulta una portentosa obra narrativa que, montada en la tradición galdosiana (como la autora anuncia, este es un primer volumen de un gran proyecto que recoge el espíritu de los episodios nacionales de Galdós), escrita contra viento y marea, contra la tendencia general en nuestro tiempo, de andar con prisas, tanto del lado de quien la construye como de quien la lee”.
“Grandes maneja personajes verosímiles, cálidos, humanos, coherentes, que nos ganan de inmediato y que no se salen del jacal histórico. Cuando entra en éste, lo hace con la comodidad de quien se sabe del derecho y del revés un tapiz donde hay muchos puntos oscuros, disimulados, adulterados. Ahí no borda, más bien entra con agudas tijeras para liberar verdades obstruidas de la España de la Guerra Civil a través de un episodio prácticamente desconocido que es la invasión al Valle de Arán por un grupo de militares españoles en la frontera francesa. Se acerca a una figura mítica como la Pasionaria, a los juegos de poder del Partido Comunista Español, a la actitud que lleva a los aliados a desentenderse del deber moral que se planteaba en España, entre otros temas”.
“A través de distintas voces narrativas, con un vértigo narrativo y un lenguaje rico y pródigo en los giros populares y poéticos, Almudena Grandes nos lleva por la Historia con mayúscula, apoyada en una documentación esmerada, así como por la historia de la vida íntima y cotidiana de los personajes reales y anónimos para reflexionar sobre una guerra fraticida con la que la literatura todavía está en deuda”.
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