"Estado ausente sobre ruedas
Editorial
Cada día, miles de capitalinos suben a microbuses y combis que difícilmente deberían estar circulando. Unidades con carrocerías destrozadas, puertas que no cierran correctamente, llantas en condiciones cuestionables, humo contaminante y evidentes fallas mecánicas recorren impunemente las calles de la Ciudad de México. Lo más preocupante no es que existan; lo verdaderamente grave es que ninguna autoridad parece tener interés en detenerlas.
La Ciudad de México presume ser referente nacional en movilidad, sustentabilidad y seguridad vial. Pero basta recorrer Avenida Aztecas, Eje 10 Sur, Calzada de Tlalpan o innumerables corredores de transporte para descubrir una realidad muy distinta: la ley dejó de aplicarse hace mucho tiempo.
La principal responsable de este fracaso institucional es la Secretaría de Movilidad (@LaSEMOVI ). Es la dependencia que entrega concesiones, organiza la Revista Vehicular y tiene la obligación de garantizar que cada unidad del transporte concesionado cumpla con condiciones mínimas de seguridad. Si decenas —o quizá cientos— de vehículos en estado deplorable continúan prestando servicio, la pregunta es inevitable: ¿de qué sirve la Revista Vehicular si esas unidades siguen transportando pasajeros todos los días?
El problema no termina ahí. El INVEA (@inveacdmx )tiene atribuciones para verificar, sancionar e incluso retirar de circulación unidades que incumplen la normatividad. La Secretaría de Seguridad Ciudadana @SSC_CDMX mediante la Policía de Tránsito, puede detectar irregularidades durante los operativos y aplicar el Reglamento de Tránsito. Las facultades existen. Las leyes existen. Las herramientas también. Lo que parece no existir es la decisión de ejercer la autoridad.
Cuando una falla ocurre una vez, puede atribuirse a un error. Cuando ocurre todos los días, en prácticamente toda la ciudad y durante años, deja de ser una omisión aislada para convertirse en una política de tolerancia de facto. La consecuencia es devastadora: el mensaje que reciben concesionarios y operadores es que incumplir no tiene costo.
Mientras tanto, el ciudadano sí enfrenta multas por estacionarse mal, por exceder el límite de velocidad o por cometer cualquier infracción menor. Esa misma severidad desaparece cuando se trata de unidades de transporte público que trasladan a cientos de miles de personas diariamente. La ley parece tener destinatarios distintos.
No se trata únicamente de vehículos viejos. Se trata de un sistema que normalizó el deterioro, la improvisación y el incumplimiento. Cada unidad que circula sin reunir las condiciones que exige la propia normatividad representa una inspección que no funcionó, un operativo que no se realizó o una autoridad que decidió mirar hacia otro lado.
Un gobierno no demuestra su fortaleza anunciando nuevos proyectos o presentando estadísticas en conferencias de prensa. La demuestra haciendo cumplir la ley, incluso cuando resulta incómodo hacerlo. Porque gobernar implica tomar decisiones, supervisar, sancionar y retirar de circulación aquello que pone en riesgo a la población.
Cuando las instituciones encargadas de regular, verificar y vigilar dejan de cumplir su función, el problema deja de ser el transporte. El problema es el Estado.
Y cuando el Estado renuncia a ejercer la autoridad, las calles dejan de estar gobernadas por la ley y pasan a regirse por la impunidad. Eso no puede llamarse de otra manera: es el síntoma de un Estado ausente, donde la regulación existe en el papel, pero no sobre el asfalto.
cc @DiarioCuicuilco @TlalpanVecinos
— Sebastián Montero
Diario Tlalpan", postea Diario de Tlalpan @TlalpanDiario
9:06 p.m. 03 julio 26
https://x.com/i/status/2073242011285565475