Los seres legendarios también cierran los ojos. Hoy Chavela Vargas ha muerto pero sus pasos comienzan a resonar en la eternidad, expresó Nina Serratos
La despedida “del pueblo para la cantante del pueblo", fue un ritual mundano oficiado por tres, como ella, enormes voces: Eugenia León, Tania Libertad y Lila Downs
Fuente: Secretaría de Cultura DF
Chavela Vargas se despidió de su querido México en el mismo lugar que la vio trasnochar, sufrir y cantarle al amor y la desventura: la Plaza Garibaldi, que esta vez lució vestida de canción y adiós, con cientos de personas que desfilaron ante su féretro cubierto con el mítico poncho rojo; que lloraron, le gritaron vivas pero, sobre todo, entonaron los mismos himnos al dolor que ella llevara por el mundo, esas oraciones paganas que le dieron fama: "hay muertos que no hacen ruido, Llorona, y es más grande su pesar...".
Fue, sobre todo y como dijeran muchos de los asistentes, "la despedida del pueblo para la cantante del pueblo". Ritual mundano oficiado por tres, como ella, enormes voces: Eugenia León, Tania Libertad y Lila Downs, quienes cantaron como ella lo enseñó: con dolor y verdad, con sentimiento y señorío, con pasión y sin freno. Capilla en verdad ardiente instalada a media Plaza Garibaldi para darle la última despedida a la chamana de la melancolía remediada con canción.
Y en este homenaje-ofrenda organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, la gente pudo estar cerca de Chavela, tocar su ataúd, cantar y llorar junto a él y lamentarse por la pérdida. Desde las siete de la noche el público, que empezó a llegar al mediodía a la Plaza, pudo estar cerca de la Vargas hasta pasadas las diez, en que el féretro fue retirado de Garibaldi en medio de gritos, cantos y porras, tal como llegó. En esas más de tres horas la entrega del público y las cantantes (León, Libertad y Downs) hacia la homenajeada, fue total.
Al dar inicio a este homenaje del gobierno capitalino a la intérprete, la Secretaria de Cultura, Nina Serratos, señaló: “Los seres legendarios también cierran los ojos. Hoy Chavela Vargas ha muerto pero sus pasos comienzan a resonar en la eternidad. Si José Alfredo Jiménez trazó con su vida y su obra el más alto umbral de la canción ranchera, Chavela Vargas hizo lo propio entre los intérpretes de la canción mexicana. Su forma de vivir, en el extremo del gozo y el placer, del disfrute de los secretos de la noche y de su aprecio por las glorias de la vida, sentó precedente y fue la admiración de todos desde finales de los años 40”.
Serratos recordó cuando “como estudiante me iba a escucharla cantar a un restaurante de su propiedad, que abrió para atender a su legión de seguidores, y entonces comprendí a carta cabal que la canción vernácula mexicana no era un espectáculo cinematográfico y una irrupción los domingos por la tarde en las pantallas de televisión, con Chavela Vargas supe que era una forma de estar en el mundo, que nuestras canciones pueden ser un grito que con su filo corta el manto de la noche, o que bañadas de tequila pueden ser un paliativo para los dolores del alma”.
Nina Serratos también citó las palabras de Carlos Monsiváis, cuando éste afirmó que “Chavela añadió a la música ranchera la soledad radical, donde la música y las letras alcanzan el nivel de confesión de madrugada”.
El cuerpo de Chavela ingresó a la Plaza Garibaldi alrededor de las 19:00 horas, justo cuando comenzó a llover, “hasta el cielo está llorando Chavela”, gritaron varios asistentes. La primer canción que se interpretó en el homenaje corrió a cargo del Mariachi de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal y fue Dios nuca muere, que estremeció a más de uno.
Luego vinieron casi dos horas en que Eugenia, Tania y Lila fundieron sus voces para recordar temas clásicos de Chavela: Flor de Azalea, Vámonos, Cruz de olvido, Paloma Negra, Me cansé de rogarte, Ella o la hermosa Canción de las simples cosas. El homenaje cerró con La llorona y México, lindo y querido.
A la ofrenda musical organizada en honor de Chavela Vargas también asistieron, además de su ferviente público, personalidades y amigos de la cantante como Consuelo Sáizar, presidenta de Conaculta; María Cortina, quien la acompañó cercanamente en los últimos años de su vida, y la actriz Vanessa Bauche, así como los músico que acompañaron por años los conciertos de la Vargas, Los Macorinos: Miguel Peña y Juan Carlos Allende.
El féretro con los restos de Chavela fue retirado pasadas las diez de la noche, luego de que un mariachi de Garibaldi entonara El son de la negra que fue bailado y festejado por el público presente, y luego también de que Vanessa Bauche recordara unas palabras que escribió Chavela: “Amen sin permiso, sin coraje, sin consejo, sin duda, sin desprecio, sin cura, sin nada. Amen, no tengan miedo de amar…”.
Hoy la cantante también será homenajeada en el Palacio de Bellas Artes.
La despedida “del pueblo para la cantante del pueblo", fue un ritual mundano oficiado por tres, como ella, enormes voces: Eugenia León, Tania Libertad y Lila Downs
Fuente: Secretaría de Cultura DF
Chavela Vargas se despidió de su querido México en el mismo lugar que la vio trasnochar, sufrir y cantarle al amor y la desventura: la Plaza Garibaldi, que esta vez lució vestida de canción y adiós, con cientos de personas que desfilaron ante su féretro cubierto con el mítico poncho rojo; que lloraron, le gritaron vivas pero, sobre todo, entonaron los mismos himnos al dolor que ella llevara por el mundo, esas oraciones paganas que le dieron fama: "hay muertos que no hacen ruido, Llorona, y es más grande su pesar...".
Fue, sobre todo y como dijeran muchos de los asistentes, "la despedida del pueblo para la cantante del pueblo". Ritual mundano oficiado por tres, como ella, enormes voces: Eugenia León, Tania Libertad y Lila Downs, quienes cantaron como ella lo enseñó: con dolor y verdad, con sentimiento y señorío, con pasión y sin freno. Capilla en verdad ardiente instalada a media Plaza Garibaldi para darle la última despedida a la chamana de la melancolía remediada con canción.
Y en este homenaje-ofrenda organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, la gente pudo estar cerca de Chavela, tocar su ataúd, cantar y llorar junto a él y lamentarse por la pérdida. Desde las siete de la noche el público, que empezó a llegar al mediodía a la Plaza, pudo estar cerca de la Vargas hasta pasadas las diez, en que el féretro fue retirado de Garibaldi en medio de gritos, cantos y porras, tal como llegó. En esas más de tres horas la entrega del público y las cantantes (León, Libertad y Downs) hacia la homenajeada, fue total.
Al dar inicio a este homenaje del gobierno capitalino a la intérprete, la Secretaria de Cultura, Nina Serratos, señaló: “Los seres legendarios también cierran los ojos. Hoy Chavela Vargas ha muerto pero sus pasos comienzan a resonar en la eternidad. Si José Alfredo Jiménez trazó con su vida y su obra el más alto umbral de la canción ranchera, Chavela Vargas hizo lo propio entre los intérpretes de la canción mexicana. Su forma de vivir, en el extremo del gozo y el placer, del disfrute de los secretos de la noche y de su aprecio por las glorias de la vida, sentó precedente y fue la admiración de todos desde finales de los años 40”.
Serratos recordó cuando “como estudiante me iba a escucharla cantar a un restaurante de su propiedad, que abrió para atender a su legión de seguidores, y entonces comprendí a carta cabal que la canción vernácula mexicana no era un espectáculo cinematográfico y una irrupción los domingos por la tarde en las pantallas de televisión, con Chavela Vargas supe que era una forma de estar en el mundo, que nuestras canciones pueden ser un grito que con su filo corta el manto de la noche, o que bañadas de tequila pueden ser un paliativo para los dolores del alma”.
Nina Serratos también citó las palabras de Carlos Monsiváis, cuando éste afirmó que “Chavela añadió a la música ranchera la soledad radical, donde la música y las letras alcanzan el nivel de confesión de madrugada”.
El cuerpo de Chavela ingresó a la Plaza Garibaldi alrededor de las 19:00 horas, justo cuando comenzó a llover, “hasta el cielo está llorando Chavela”, gritaron varios asistentes. La primer canción que se interpretó en el homenaje corrió a cargo del Mariachi de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal y fue Dios nuca muere, que estremeció a más de uno.
Luego vinieron casi dos horas en que Eugenia, Tania y Lila fundieron sus voces para recordar temas clásicos de Chavela: Flor de Azalea, Vámonos, Cruz de olvido, Paloma Negra, Me cansé de rogarte, Ella o la hermosa Canción de las simples cosas. El homenaje cerró con La llorona y México, lindo y querido.
A la ofrenda musical organizada en honor de Chavela Vargas también asistieron, además de su ferviente público, personalidades y amigos de la cantante como Consuelo Sáizar, presidenta de Conaculta; María Cortina, quien la acompañó cercanamente en los últimos años de su vida, y la actriz Vanessa Bauche, así como los músico que acompañaron por años los conciertos de la Vargas, Los Macorinos: Miguel Peña y Juan Carlos Allende.
El féretro con los restos de Chavela fue retirado pasadas las diez de la noche, luego de que un mariachi de Garibaldi entonara El son de la negra que fue bailado y festejado por el público presente, y luego también de que Vanessa Bauche recordara unas palabras que escribió Chavela: “Amen sin permiso, sin coraje, sin consejo, sin duda, sin desprecio, sin cura, sin nada. Amen, no tengan miedo de amar…”.
Hoy la cantante también será homenajeada en el Palacio de Bellas Artes.
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